La nevada de Bustraviejo

Emprendimos en la travesía de conocer los senderos que nos brinda la cercanía de Madrid, a tan solo 45 Kms. desde la estación plaza Castilla, en pleno invierno a la Villa de Bustarviejo, con la idea de localizar un sendero y caminar alrededor  para estar en contacto con la nieve y la naturaleza.

Bustarviejo es un municipio  ubicado en la sierra norte de Madrid  y se asienta en las faldas de la sierra de Guadarrama en su vertiente norte. En una época se dice que las tierras eran dedicadas a la cría de bueyes, y de allí el origen de su nombre: Bustar del latin Bos-stare que significa  pastizal de bueyes. Bustarviejo adquirió importancia  para los madrileños desde el siglo XX  con la construcción de las casas de veraneo para aprovechar el agradable clima.

Ya teníamos información de algunas rutas como la de El Pendón y Cabeza de Arcón  de 12 km de recorrido, o la de Mondalindo y Peña Negra de 16,05 km. Estaba seguro que sería suficiente con ese conocimiento  y con los mapas que me respaldaban las rutas.

Después de haber pasado por varias villas y llegar al centro de Bustarviejo, nos sorprendió un ambiente de ráfagas de viento y lluvia  amenazadora. Sin pensarlo entramos al primer bar abierto para solicitar información de alguno de los senderos que referíamos. Les sorprendió nuestro atrevimiento de  algunas de esas rutas por el cambio de clima de corrientes del norte, a lo que nos sugirieron una vía Circular corta hacia Puerto de Canencia, Cabeza de la Braña, Collado Abierto y Mina de Plata.

  Sin pensarlo, salimos a pertrechados con nuestros abrigos de invierno, botas y guantes, contentos que teníamos por delante un camino que prometía estar en contacto con el invierno. La ruta al comienzo un camino amplio vehicular de piedra, lleno de chalets  y pequeñas granjas donde lo único que se cruzaba eran pequeños animales domésticos y uno que otro grupo familiar con niños aprovechando la nieve que se depositaba en el suelo.

Al  rato comenzamos a alejarnos de los chalets y se abrió un sendero dentro de un relieve de montañas suaves con pequeños pozos de agua y riachuelos congelados, adornados por una nieve  cada vez   más sugestiva. Comenzamos a sentirnos felices de llegar a tan esperado lugar.  Jugar  con la nieve, como niños no falto. Seguíamos en el sendero  de la  montañas admirando esas laderas suaves que nos brindaban hermosos valles.

Siempre consultando con el mapa me sentía orientado y, a la vez comenzaron a salir en las rocas las marcas de rutas que te indican que vas por buen camino: una franja blanca y una roja como de 10 cm de largo. Por lo que mi felicidad era total y mi excitación nos llevaba a seguir subiendo cada vez más, dejando los valles con aspecto de granjas, y  adentrábamos en un bosque poco más tupido lleno de pinos, piedras y colinas de  nieve.

                                                              

Ya a más de dos horas en la vía,  comenzó a nevar  y el viento magnificaba y dramatizaba el paisaje. Las marcas en las piedras desaparecieron por la nieve. Por lo que comenzó mi compañera con ciertos nervios y se sintió un poco perdida. Yo siempre me he considerado orientado, por lo que la tranquilice. Seguimos siempre subiendo. Yo estaba seguro que arriba pasaba un camino vehicular por lo que me empeñe en seguir subiendo. Ya con un grito de gloria comencé a ver el camino y nos sentimos a salvo. Corriendo a toda prisa llegamos a la vía, y al primer coche que subía, lo alerte de mi condición de perdido, deteniéndose con la grata sorpresa de llevarnos a Puerto de Canencia, lo que festejamos y en tono alegre nos reíamos con complicidad, y a la vez que relatábamos nuestra aventura por el bosque a la amable muchacha alemana que nos llevó.

Nuestro fin estaba cumplido y al llegar al puerto nos adentramos al bar frente a la parada de bus, a esperar un par de horas el último autobús de regreso  a Madrid, donde nos sorprendimos gratamente al consumir apenas pocas cañas y muchas tapas.

seamos @naturalwalkers

por: Aquiles, el de los pies ligeros